Ponencia de Aleida Guevara March en el XXII ENSC

Queridos compañeros:

Siempre es muy interesante recordar a los hombres que como el Che nos marcan una meta. Meta que a pesar del tiempo y el desarrollo tecnológico logrado sigue siendo muy difícil de alcanzar, pues nos obliga a comportarnos como mejores seres humanos, como mejores profesionales.

El Che, como muchos saben, fue un hombre polifacético, profundo, muy crítico, sobre todo con él mismo y el centro de su obra, aún en la etapa juvenil, es el ser humano en toda su dimensión.

Cursa sus estudios universitarios en la escuela de medicina, facultad de ciencias médicas de Buenos Aires, Argentina, desde 1948 hasta 1953.

Pienso que es su profesión como médico lo que lo acerca en forma más directa a la problemática que existe todavía hoy en gran parte del mundo.

Creo que es mejor que sea él quien nos diga con su lenguaje directo  y crítico algunas consideraciones que dejó para beneficio de todos nosotros.

“Casi todo el mundo sabe que inicié mi carrera como médico, hace ya algunos años. Y cuando me inicié como médico, cuando empecé a estudiar medicina, la mayoría de los conceptos que hoy tengo como revolucionario estaban ausentes en el almacén de mis ideales.

Quería triunfar, como quiere triunfar todo el mundo; soñaba con ser un investigador famoso, soñaba con trabajar infatigablemente para conseguir algo que podía estar, en definitiva, puesto a disposición de la humanidad, pero que en aquel momento era un triunfo personal. Era, como todos somos, un hijo del medio.”

Orientado desde el inicio de la carrera hacia la investigación experimental de los fenómenos alérgicos, bajo la dirección del Dr. Salvador Pisani, realiza varios trabajos que son publicados y así llegan a nosotros:

Identidad antigénica de pólenes en el extracto de naranja; Pisani, Poirón, Guevara y Scherb. Alergia, 5, 1952.

Producción experimental de disposición alérgica heredada en el cobayo; Pisani, Poirón, Guevara y Scherb. La Semana Médica, 100, 516, 1952.

Conceptos clínicos y experimentales de la Patogenia del estado alérgico;  Pisani, Poirón, Pisani de Poirón, Guevara y Bocciolessi. Acta Alergológica, 6, 197, 1953.

Dos casos de sensibilización a tenia saginata demostrado por la técnica de Prausnitz-Kustner. Pisani, Poirón, Pisani de Poirón, Guevara. Alergia (México, Vol. I, No 2, 1953)

Investigaciones cutáneas con antígenos alimentarios semidigeridos. Guevara. Alergia II, 157, 1955.

En marzo de 1956 trabajaba en varios temas de investigación, lo que nos permite tener una idea de la mente inquisitiva de este hombre:

  • La posible relación entre las hormonas elaboradas por el organismo materno durante el embarazo y la histaminasa.
  • Sensibilización de cobayos por vía intestinal mediante la administración de hialuronidasa con el alimento alergénico.
  • Demostración electroforética (en el papel de filtro) de la relación antígeno anticuerpo.

Bajo la dirección del Dr. Mario Salazar Mallén, en el Instituto Nacional de Cardiología de México, nos llegan dos trabajos sobre investigación de histamina en diversos tejidos, demostrado por métodos químicos y demostración de histaminasas por métodos histoquímicos y su variación en distintos estados patológicos.

“Después de recibido, por circunstancias especiales y quizás también por mi carácter, empecé a viajar por América y la conocí entera. Salvo por Haití y Santo Domingo, todos los demás países de América han sido, en alguna manera, visitados por mí. Y por las condiciones en que viajé, primero como estudiante y después como médico, empecé a entrar en estrecho contacto con la miseria, con el hambre, con las enfermedades, con la incapacidad de curar a un hijo por la falta de medios, con el embrutecimiento que provocan el hambre y el castigo continuo, hasta hacer que para un padre perder un hijo sea un accidente sin importancia, como sucede muchas veces en las clases golpeadas de nuestra Patria Americana. Y empecé a ver que había cosas que, en aquel momento, me parecieron casi tan importantes como ser un investigador famoso o como hacer algún aporte sustancial a la ciencia médica: y era ayudar a esa gente.

Pero yo seguía siendo, como siempre lo seguimos siendo todos, hijo del medio y quería ayudar a esa gente con mi esfuerzo personal. Ya había viajado mucho, estaba, en aquellos momentos, en Guatemala, la Guatemala de Arbenz  y había empezado a hacer unas notas para normar la conducta del médico revolucionario. Empezaba a investigar qué cosa era lo que se necesita para ser un médico revolucionario.”

Este plan de un posible libro, al que llamó “La función del médico en Latinoamérica”, recoge temas como: Historia de la medicina, medicina aborigen americana, medicina de la colonia en adelante, medios geográficos en América, medios económicos en América, medios étnicos en América, el médico y el medio, el médico y el estado, tipos de médicos (entre los que destaca el médico de escritorio, el de laboratorio, el aventurero), el médico rural, antropólogo, geógrafo y economista; médico individuo, médico engranaje, la medicina en Latinoamérica, análisis de las soluciones posibles (donde incluye la de Estados Unidos, la de Inglaterra, la de Palestina y la de la URSS).

Desgraciadamente no desarrolló la mayoría de estos temas, pero conservamos lo que fue escribiendo:

“Al iniciar la lucha por la salud del pueblo, como primera medida, el médico debe ocuparse de cotejar sus posibilidades frente al complejo escenario que lo rodea. De los análisis anteriores se desprende que los medios son muy diferentes según las regiones, países, clases sociales o grupos étnicos con que se debe entender el facultativo.

La lucha siempre debe plantearse con una fórmula general que garantice el buen éxito posterior y que sea conducente a ganar para el profesional, la confianza primero y el cariño luego de los grupos que estén bajo su responsabilidad médica. Aunque en líneas generales no se puede sino esbozar el problema, como regla axiomática es bueno asentar que la primera arma a utilizar es la flexibilidad. La flexibilidad le permitirá llegar- sin que sean muy aparentes sus tanteos a ganarse el respeto del pueblo en general. Naturalmente las condiciones de la lucha variarán mucho, pero en el camino de la consolidación el médico deberá siempre realizar este primer paso”.

Después dice: “…El cuadro general de las enfermedades dará una series de ideas sobre los problemas fundamentales a resolver. En otro punto hablaré sobre la necesidad del médico de hacer que los vecinos entren activamente en la vida sanitaria del pueblo, pero siempre se puede adelantar que las enfermedades de tipo epidémico y, sobre todo, endémico deben combatirse por medio del uso adecuado de las medidas generales de sanidad públicas, ayudados por una exacta comprensión del problema, explicado por el facultativo”.

Continúa más adelante: “…En el ramo estricto de la sanidad pública debe recordarse siempre que son los niños los que deben recibir el mejor tratamiento posible, tratando en todo momento de que los beneficios sean el resultante de la acción colectiva de la comunidad, más que de la acción individual del médico…”

“…Es casi innecesario recalcar que la labor del médico debe ejercitarse con una total dedicación pues en ello va el triunfo de la idea que se sustenta y es favorable comparación con la acción inconsecuente e interesada de sus colegas individualistas, que no ven  en su acción más que una acción delimitada que los conducirá a la meta por ellos ansiada, ya sea el poder (relativo poder de médico de aldea), la fama o el dinero. El médico revolucionario debe tener siempre presente que su deber es atacar las lacras de todo tipo que atacan al pueblo, el único soberano a quien sirven.”

En su corta vida como profesional de la medicina trabajó intensamente y no sólo desde el punto de vista científico, sino que intenta tratar la enfermedad más cruel que sufre el ser humano; la pobreza a que son sometidos millones de hombres y mujeres y la indolencia de otros tanto ante esto.

“Entonces. Me di cuenta de una cosa fundamental: para ser médico revolucionario o para ser revolucionario, lo primero que hay que tener es revolución. De nada sirve el esfuerzo aislado, el esfuerzo individual, la pureza de ideales, el afán de sacrificar toda una vida al más noble de los ideales, si ese esfuerzo se hace solo, solitario en algún rincón de América, luchando contra los gobiernos adversos y las condiciones sociales que no permiten avanzar. Para hacer revolución se necesita esto que hay en Cuba: que todo un pueblo se movilice y que aprenda, con el uso de las armas y el ejercicio de la unidad combatiente, lo que vale un arma y lo que vale la unidad del pueblo”.

Esa unidad y esa fuerza es la que hoy tratan de arrebatarnos con métodos más sofisticados,  orientados a desacreditar los logros indiscutibles de nuestra revolución y sobre todo a tratar de confundir a las nuevas generaciones, por eso es que cada día tenemos que estar más activos, más firmes en nuestras convicciones y debemos ser capaces de ver nuestros errores y corregirlos y sobre todo ser capaces de aprender de esos errores para seguir construyendo una sociedad mucho más justa, con la confianza de que somos capaces, porque lo hemos demostrado con crece en estos ya más de 58 años de revolución socialista.

Permítanme por un tiempo más utilizar las palabras del Che que como siempre está muy cerca de nosotros y que como si continuase a nuestro lado nos llama la atención sobre aspectos que no podemos descuidar nunca:

“El principio en que debe basarse el atacar las enfermedades, es crear un cuerpo robusto; pero no crear un cuerpo robusto con el trabajo artístico de un médico sobre un organismo débil, sino crear un cuerpo robusto con el trabajo de toda la colectividad, sobre toda esa colectividad social.

Y la medicina tendrá que convertirse un día, entonces, en una ciencia que sirva para prevenir las enfermedades, que sirva para orientar a todo el público hacia sus deberes médicos, y que solamente deba intervenir en casos de extrema urgencia, para realizar alguna intervención quirúrgica, o algo que escape a las características de esa nueva sociedad que estamos creando.”

Más adelante nos recuerda: “Pero para esa tarea de organización, como para todas las tareas revolucionarias, se necesita, fundamentalmente, el individuo. La Revolución no es, como pretenden algunos, una standarizadora de la voluntad colectiva, de la iniciativa colectiva, sino todo lo contrario, es una liberadora de la capacidad individual del hombre.

Lo que si es la Revolución, es al mismo tiempo, orientadora de esa capacidad. Y nuestra tarea de hoy es orientar la capacidad creadora de todos los profesionales de la medicina hacia las tareas de la medicina social.”

Continúa diciendo: “El individualismo como tal, como acción única de una persona colocada sola en un medio social, debe desaparecer en Cuba. El individualismo debe ser, en el día de mañana, el aprovechamiento cabal de todo el individuo en beneficio absoluto de una colectividad. Pero aún cuando esto se entienda hoy, aun cuando se comprendan estas cosas que estoy diciendo, y aun cuando todo el mundo esté dispuesto a pensar un poco en el presente, en el pasado y en lo que debe ser el futuro, para cambiar de manera de pensar hay que sufrir profundos cambios interiores y asistir a profundos cambios exteriores, sobre todo sociales.

Y esos cambios exteriores se están dando en Cuba todos los días. Una forma de aprender a conocer esta Revolución, de aprender a conocer las fuerzas que tiene el pueblo guardadas en sí, que tanto tiempo han estado dormidas, es visitar toda Cuba; visitar las cooperativas y todos los centros de trabajo que se están creando, y una forma de llegar hasta la parte medular de la cuestión médica, es no sólo conocer, no sólo visitar, a las gentes que forman esas cooperativas y esos centros de trabajo. Averiguar allí cuales son las enfermedades que tiene, cuáles son todos sus padecimientos, cuáles han sido sus miserias durante años y hereditariamente durante siglos de represión y de sumisión total.

El médico, el trabajador médico, debe ir entonces al centro de su nuevo trabajo, que es el hombre dentro de la masa, el hombre dentro de la colectividad.

Siempre, pase lo que pase en el mundo, el médico por estar tan cerca del paciente, por conocer tanto de lo más profundo de su psiquis, por ser la representación de quien se acerca al dolor y lo mitiga, tiene una labor muy importante de mucha responsabilidad en el trato social.”

Continua marcando pautas cuando nos dice: “…la Revolución hoy exige que se aprenda, exige que se comprenda bien que mucho más importante que una retribución buena, es el orgullo de servir al prójimo, que mucho más definitivo, mucho más perenne que todo el oro que se pueda acumular, es la gratitud de un pueblo. Y cada médico, en el círculo de su acción, puede y debe acumular ese preciado tesoro, que es la gratitud del pueblo….”

 “Muchas veces nos daremos cuenta de lo equivocado que estábamos en conceptos que de tan sabidos, eran parte nuestra y automática de nuestros conocimientos. Muchas veces debemos cambiar todos nuestros conceptos, no solamente los conceptos sociales o filosóficos, sino también a veces los conceptos médicos. Y veremos que no siempre las enfermedades se tratan como se trata una enfermedad en un hospital, en una gran ciudad; veremos, entonces, cómo el médico tiene que ser también agricultor, y cómo aprender a sembrar nuevos alimentos, y sembrar con su ejemplo, el afán de consumir nuevos alimentos, de diversificar esa estructura alimenticia cubana, tan pequeña, tan pobre, en uno de los países agrícolamente, potencialmente también, más rico de la tierra. Veremos, entonces, cómo tendremos que ser, en esas circunstancias, un poco pedagogo, a veces mucho pedagogo; cómo tendremos que ser políticos también; cómo lo primero que tendremos que hacer no es ir a brindar nuestra sabiduría, sino ir a demostrar que vamos a aprender con el pueblo, que vamos a realizar esa gran y bella experiencia común, que es construir una nueva Cuba”.

Reflexionemos sobre todo esto. Sería tan hermoso para nosotros poder mostrarle al Che la gran cooperación médica que hoy realizamos en muchos pueblos del mundo, sería muy hermoso sentir que este gran médico, uno de los más famosos del milenio, se sienta orgullosos de lo que hemos hecho, de lo que hacen miles de médicos cubanos en muchos países del mundo, se imaginan lo que sentiría un hombre como él al comprobar el valor indiscutible de nuestro personal de la salud al ir,  aun arriesgando sus vidas, a combatir enfermedades tan terribles como el Ébola?,  pero todavía mejor es sentir nosotros mismos que estamos cumpliendo con nuestro deber, no sólo como profesionales, sino como revolucionarios y como del Che se trata permítanme continuar estas palabras con las suyas propias.

“Si logramos nosotros, trabajadores de la medicina y permítaseme que use de nuevo un título que hacía tiempo había olvidado, si usamos todos esta nueva arma de la solidaridad, si conocemos las metas, conocemos el enemigo, y conocemos el rumbo por donde tenemos que caminar, nos falta solamente la parte diaria del camino a realizar. Y esa parte no se la puede enseñar nadie, esa parte es el camino propio de cada individuo, es lo que todos los días hará, lo que recogerá en su experiencia individual y lo que dará de sí en el ejercicio de su profesión, dedicado al bienestar del pueblo.

Si ya tenemos todos los elementos para marchar hacia el futuro, recordemos aquella frase de Martí, que en este momento yo no estoy practicando pero que hay que practicar constantemente: “La mejor manera de decir es hacer “y marchemos entonces hacia el futuro de Cuba”.

A lo que sólo me resta agregar que ese futuro es también el de nuestra América y es el futuro de la humanidad, por lo que es tan importante y decisivo el momento que vivimos, discutamos, analicemos profundamente lo que tenemos y lo que necesitamos obtener, sin olvidar nunca  “… nadie es perfecto ni mucho menos y todo el mundo debe ir mejorando sus cualidades mediante el trabajo, las relaciones humanas, el estudio profundo, las discusiones críticas, todo eso es lo que va transformando a la gente.”

Lo importante, compañeros  es que seamos capaces de hacer mañana algo mejor de lo que hicimos hoy, entonces estaremos preparados para continuar creando una sociedad más justa para nuestros hijos sin olvidar nunca lo que le debemos a los hombres y mujeres  que comenzaron la Revolución.

Muchas gracias.